martes, 30 de junio de 2009

"Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que, para mí, es la palabra del pueblo argentino”




En sus probables últimos días de lucidez, Perón se sintió en la necesidad de alertar a sus seguidores sobre la pesada herencia que les dejaban. En la tarde del 12 de junio de 1974, antes de despedirse de su pueblo, advirtió sobre las consecuencias del incumplimiento del Pacto Social y el desabastecimiento, y aconsejó a la militancia que se mantuviera vigilante de “las circunstancias que puedan producirse”.


Dijo: “Yo sé que hay muchos que quieren desviarnos en una o en otra dirección, pero nosotros conocemos perfectamente nuestros objetivos y marcharemos directamente a ellos, sin influenciarnos ni por los que tiran desde la derecha ni por los que tiran desde la izquierda. El gobierno del pueblo es manso y es tolerante, pero nuestros enemigos deben saber que tampoco somos tontos”.


Y terminó con un tono inconfundible de despedida: “Les agradezco profundamente el que se hayan llegado hasta esta histórica Plaza de Mayo. Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que, para mí, es la palabra del pueblo argentino”. El 1º de julio de 1974 amaneció nublado, no era un día peronista.


Los partes médicos alertaban sobre el inminente final de la vida del hombre que había manejado la política argentina a su antojo desde 1945. Para muchos era quien había transformado la Argentina de país agrario en industrial, y en paraíso de la justicia social. Para otros, menos, pero no pocos, era un dictador y demagogo que terminó con la disciplina social y les dio poder a los “cabecitas negras”. Lo cierto era que la política nacional llevaba su sello y como decía él mismo, en la Argentina todos eran peronistas, pro o anti, todos tenían ese componente.

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miércoles, 24 de junio de 2009

Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que, para mí, es la palabra del pueblo argentino


Desde los balcones de la casa de gobierno
junio 12 de 1974



Como ha sido mi costumbre, hoy deseo hablar al pueblo argentino sin eufemismos y sin reservas mentales.
La información, como mí sentido de la realidad, me dicen que en el país está sucediendo algo anormal a lo que debe ser la marcha pacífica y serena de la tranquilidad.
Parte de esta intranquilidad obedece a causas reales; parte de ellas, se ocasionan en la provocación deliberada.
Existen, sin duda, factores negativos que provocan consecuencias a cuyas causas hay que ponerle remedio; pero ocurren también hechos que sólo obedecen a causas provocadas e invocadas al servicio de una campaña sicológica, con fines inconfesables, desarrollada ante la indiferencia de unos y la desaprensión de otros, pero que provocan un estado de cosas que si bien tienen un objetivo bastardo, no por eso dejan de perjudicar la confianza popular y la firme decisión que el país debe tener en la reconstrucción y liberación en que estamos empeñados. Así podríamos estar acercándonos a una lucha cruenta que algunos insensatos intentan provocar, en tanto el gobierno se esfuerza por evitarla.

HORAS DECISIVAS

Personalmente, he presenciado de cerca esa lucha y conozco sus efectos y sus consecuencias. Todos hablan de que fuerzas foráneas e interiores trabajan por crear trabas a la decisión tomada, pero pocos se ponen al servicio en defensa de esa buena causa, y en ello 'no hablo de los opositores sino muy especialmente de los propios partidarios, que poco hacen de efectivo para asegurar la pacificación y realización de lo que debe ser el empeño de los verdaderos argentinos, en las horas decisivas que nos tocan vivir.
Algunos, por mala intención, sirven a la perturbación; otros, lo hacen como idiotas útiles, pero muchos son los que a sabiendas, o sin darse cuenta, sirven a intereses que no son los del país.
Cuando el 21 de junio del año pasado dije que volvía para servir lealmente a la Patria, tal como lo hiciera toda mí vida, sabía claramente que enfrentábamos un proceso difícil y peligroso, pero también era consciente, entonces, como lo soy ahora, de que no podía rehuir mi responsabilidad frente al pueblo, que es la única fuerza en la que siempre he confiado para orientar y conducir los destinos del país.
Yo nunca engañó a ese pueblo, por quien siento un entrañable cariño. Ese es el sentimiento y la relación que me han dado fuerzas para seguir adelante, en medio de las diarias acechanzas y conjuras ridículas, tanto de quienes sueñan con un pasado imposible como de los que desean apurar las cosas. Yo vine al país para unir y no para fomentar la desunión entre los argentinos. Yo vine al país para lanzar un proceso de liberación nacional y no para consolidar la dependencia. Yo vine al país para brindarle seguridad a nuestros conciudadanos y lanzar una revolución en paz y armonía y no para permitir que vivan temerosos quienes están empeñados en la gran tarea de edificar el destino común. Yo vine para ayudar a reconstruir al hombre argentino, destruido por largos años de sometimiento político, económico y social.
Pero hay pequeñas sectas, perfectamente identificadas, con las que hasta el momento fuimos tolerantes, que se empeñan en obstruir nuestro proceso; son los que están saboteando nuestra independencia y nuestra independiente política exterior; son quienes intentan socavar las bases de¡ acuerdo social, forjado para lanzar la Reconstrucción Nacional. Son esos mismos que quieren que volvamos a apagar los motores. Son también los que, malintencionadamente, interpretaron mis mensajes o simularon hacerlo para interferir luego la unidad para la reconstrucción con una supuesta y complacencia para con los enemigos de este proceso.
La unidad que propusimos tenía fines muy distintos a los que suponen esas mezquindades. Fue para concretar la liberación nacional y no para darles coraje a los enemigos de nuestra patria.
Esa unidad era y es para que el pueblo pueda hacer su voluntad sin obstáculos, y no para que permanentemente deban sortearse las jugarretas de quienes procuran impedir la concreción de los deseos de las grandes mayorías nacionales.
Por ello, creo que ha llegado la hora de reflexionar acerca de lo que está pasando en el país y depurar de malezas este proceso porque, de lo contrario, pueden esperarse horas muy aciagas para el porvenir de la República.

EL PACTO SOCIAL


Como ustedes saben, nosotros propiciamos que el acuerdo entre trabajadores, los empresarios y el Estado, sirva de base para la política económica y social de nuestro Gobierno. Lo hicimos con la convicción de que es el mejor camino para lograr, con el aporte de todos, sacar adelante el país.
Todos los que firmaron en dos oportunidades ese acuerdo, sabían también que iban a ceder una parte de sus pretensiones, como contribución al proceso de la liberación nacional. Sin embargo, a pocos meses de asumir ese compromiso clave para el país, pareciera que algunos firmantes de la Gran Paritaria están empeñados en no cumplir con el acuerdo, y desean arrastrar al conjunto a que haga lo mismo.
Yo califico a quienes están en esa posición, como minorías irresponsables y los acuso de sabotear la Reconstrucción Nacional. No escapa a mi Percepción la existencia de irregularidades, a las que procuraremos ponerle remedio cuanto antes.
Frente a esos irresponsables, sean empresarios o sindicalistas, creo que es mi deber pedirle al pueblo no sólo que los identifique claramente, sino también que los castigue como merecen todos los enemigos de la liberación nacional.

DENUNCIAS ANTE LA SECRETARIA DE GOBIERNO

Por nuestra parte, quiero que se tenga la más plena certeza de que los funcionarios oficiales que hayan violado el acuerdo, tendrán su sanción. A este respecto, pido a todos los ciudadanos que denuncien ante la Secretaria de Gobierno de la Casa Rosada, toda irregularidad que conozcan en los órganos gubernamentales.
Tampoco es nuestro deseo que los vivos de siempre saquen tajada del sacrificio de los demás. Los que hayan violado las normas salariales y de precios, como los que exijan más de lo que el proceso permite, tendrán que hacerse cargo de sus actos.
Ami juicio, quienes inducen al desorden, están promoviendo la contrarrevolución, y estoy convencido de que el pueblo habrá de combatirlos, como siempre hace con sus enemigos. Sé positivamente que existen algunos problemas reales. ¿Cómo evitarlos, cuando estamos cambiando drásticamente las estructuras de la dependencia, montadas por los empleados de los poderes coloniales? Pero estoy convencido de que esos problemas tienen poco que ver con los que inventan los saboteadores del proceso.
Los que hace muchos años que estamos en esta labor, sabemos claramente que un 80 ó 90 por ciento de las cosas que se andan diciendo por ahí, son inventadas por los profesionales de la acción sicológica.
Algunos diarios oligarcas están insistiendo, por ejemplo, con el problema de la escasez y el mercado negro. Siempre que la economía está creciendo y se mejoran los ingresos del pueblo - como sucede desde que nos hicimos cargo de¡ poder- hay escasez de productos y aparece el mercado negro. Lo que subsistirá hasta que la producción se ponga a tono con el aumento de la demanda.

ESPECULADORES


Por otra parte, el gobierno ha fijado los precios, pero cuando se cobra más de los precios fijados, el que compra debe ser el encargado de hacerlos cumplir, ya que el gobierno no puede estar cuidando el bolsillo de los zonzos, que hacen el juego a los especuladores.
No hay que olvidar que los enemigos están preocupados por nuestras conquistas, no por nuestros problemas. Ellos se dan cuenta de que hemos nacionalizado los resortes básicos de la economía y que seguiremos en esa tarea sin fobia, pero hasta no dejar ningún engranaje decisivo en manos extranjeras.
En un año de gobierno, ellos advierten que el pueblo sabe, sin acudir a las recetas de miseria y dependencia, que mejoramos el salario real de los trabajadores, bajamos drásticamente la desocupación y aumentamos las reservas del país.

EL UNICO SUCESOR DE PERON

Esas sectas minoritarias han llegado a la histeria, y quieren que nos contagiemos para impedir que este proceso de cambio siga avanzando. Si esto sucede en lo económico, no deja de complementarse en lo político-social; no sería mucho avanzar en la autocrítica si dijéramos que, en muchas partes, los hombres de nuestro propio movimiento, en la función gubernamental, tienen la grave falla de sus enfrentamientos, ocasionados unas veces por bastardos intereses personales y otras por sectarismos incomprensibles. A todo ello se suma la fiebre de la sucesión, de los que no comprenden que el único sucesor de Perón será el pueblo argentino que, en último análisis, será quien deba decidir.

LA TELEVISION


Se ha lanzado a la calle el asunto de la televisión, cuando ya funcionaba una comisión de estudio en la que debía participar el Estado, sus legisladores, los sindicatos de esta especialidad y otros órganos interesados en la mejor solución.
Sus concesiones han vencido hace dos meses, como también ha vencido el plazo acordado a esa Comisión.
Sin embargo, el Poder Ejecutivo, que es quien debe decidir, ha mantenido una conducta prudente que, lejos de despertar intranquilidad, ha servido para que los órganos publicitarios, al servicio de otros intereses, que no son los de¡ país, lanzaran las más incomprensibles versiones.

LA UNIVERSIDAD

La Universidad es foco de semejantes insensateces. Querían su ley, la tienen Y está en plena organización normalizadora. ¿A qué seguir agitando un asunto terminado en lo sustancial? ¿Cómo se explica que ello suceda, solamente con fines extra universitarios? Esperamos los concursos para el profesorado. Será preciso asegurar que el resultado de ellos sea respetado y defendido por todos, como una garantía para que la Universidad, que valdrá tanto como sea el valor de su profesorado, pueda organizarse.

EL MODELO NACIONAL


Yo, personalmente, he preparado un estudio sobre el Modelo Nacional, de acuerdo con nuestra doctrina. Ya se comienza a hablar de corporativismo, asunto en el que ni siquiera hemos pensado, aunque creemos justo que la representatividad sea un asunto fehaciente y real para todos los sectores de una comunidad organizada.
Podría seguir mencionando numerosas cuestiones que se agitan arbitrariamente con fines de perturbación político-social, pero sé que el pueblo argentino es lo suficientemente perspicaz como para saber desentrañar la verdad.
Cuando acepté gobernar, lo hice pensando en que podría ser útil al país, aunque ello me implicaba un gran sacrificio personal. Pero si llego a percibir el menor indicio que haga inútil ese sacrificio, no titubearé un instante en dejar este lugar a quienes lo puedan llenar con mejores probabilidades. Con esto hago un llamado a todos los que anhelan la paz y la tranquilidad, como a los que comprometieron su responsabilidad al elegirme para presidir el Gobierno. Nadie podría entonces llamarse a engaño sobre lo que yo quería, porque en numerosas oportunidades vine anunciando mis intenciones y deseos en actos públicos en la patria, como en comunicaciones desde el exilio, que también tuvieron estado público. Si me eligieron, imagino que las apoyaban y coparticipaban, como consecuencia, en la responsabilidad de realizarlo. Sin el apoyo masivo de los que me eligieron y la complacencia de los que no lo hicieron, pero luego evidenciaron una gran comprensión y sentido de responsabilidad, no sólo no, deseo seguir gobernando, sino que soy partidario que lo hagan los que puedan hacerlo mejor.
Una campaña sicológica de los elementos negativos de la nacionalidad, aliados a la acción foránea empeñada en anular el despegue argentino, no puede tener éxito si los bien intencionados no defeccionan y apoyan efectiva y dinámicamente al gobierno en sus realizaciones.

APOYO


Este apoyo no debe ser pretoriano, sino inteligente y franco, apoyando lo bueno y señalando lo malo, ante quienes lo puedan remediar, pero no sumando la murmuración propia o la perturbación a los que la desarrollan en grupos que bien sabemos en lo que están.
Ya pasaron los días de exclamar "la vida por Perón", vivimos momentos en que es indispensable demostrar en hechos sinceros y fehacientes, que estamos dispuestos a servir al objetivo común de todos los argentinos, realizado en paz con un trabajo honrado y permanente, a la vez que neutralizando la acción de los enemigos de la patria, de afuera o de adentro, empeñados en impedir su reconstrucción y su liberación

SABOTAJE DE PIGMEOS


Duele en el alma y en el corazón argentinos, tener que contemplar un sabotaje de pigmeos que no han llegado a comprender que los innegables éxitos de nuestra política internacional, que nos está llenando de ventajas y de prestigio en el mundo exterior, es parte de un patrimonio nacional que sólo un traidor a la patria puede combatir, cualesquiera sean las causas que lo impulsan.
Cuanto estamos haciendo por los intereses, el honor y el prestigio de la República ante todos los países del mundo, depende, en gran parte, del masivo apoyo de nuestro pueblo. Defeccionar en estos momentos, significaría renunciar a todo lo conquistado, para volver a ser una republiqueta sin dignidad y sin grandeza.
Por eso, cada uno que comparta las inquietudes y fines que perseguimos, no puede ser un testigo mudo de los acontecimientos, sino un protagonista activo y diligente en la defensa de los intereses comunes de los argentinos. Sólo los pueblos calificados con un alto índice de cultura política, pueden llegar a ser artífices de su propio destino.
Muchas gracias.

Compañeros. Retempla mi, espíritu estar en presencia de este pueblo que toma en sus manos la responsabilidad de defender la patria. Creo, también, que ha llegado la hora de que pongamos las cosas en claro.
Estamos luchando por superar lo que nos han dejado en la República y, en esta lucha, no debe faltar un solo argentino que tenga el corazón bien templado.
Sabemos que tenemos enemigos que han comenzado a mostrar sus uñas. Pero, también sabemos que tenemos a nuestro lado al pueblo, y cuando éste se decide a la lucha, suele ser invencible.
Hoy es visible, en esta circunstancia de lucha, que tenemos a nuestro lado al pueblo, y nosotros no defendemos ni defenderemos jamás, otra causa que no sea la causa del pueblo.
Yo sé que hay muchos que quieren desviarnos en una o en otra dirección, pero nosotros conocemos perfectamente bien nuestros objetivos y marcharemos directamente a ellos, sin influenciarnos ni por los que tiran desde la derecha ni por los que tiran desde la izquierda.
El Gobierno del Pueblo es manso y es tolerante, pero nuestros enemigos deben saber, que tampoco somos tontos.
Mientras nosotros no descansamos para cumplir la misión que tenemos y responder a esa responsabilidad que el pueblo ha puesto sobre nuestros hombros, hay muchos que pretenden manejarnos con el engaño y con la violencia; nosotros, frente al engaño y frente a la violencia, impondremos la verdad, que vale mucho más que eso. No queremos que nadie nos tema; queremos, en cambio, que nos comprendan. Cuando el pueblo tiene la persuasión de su destino, no hay nada que temer. Ni la verdad, ni el engaño, ni la violencia, ni ninguna otra circunstancia, podrá influenciar a este pueblo en un sentido negativo, como tampoco podrá influenciarnos a nosotros para que cambiemos una dirección que, sabemos, es la dirección de la Patria.
Sabemos que en esta acción tendremos que enfrentar a los malintencionados y a los aprovechados. Ni los que pretenden desviarnos, ni los especuladores, ni los aprovechados de todo orden, podrán, en estas circunstancias, medrar con la desgracia del pueblo.
Sabemos que en la marcha que hemos emprendido tropezaremos con muchos bandidos que nos querrán detener, pero con el concurso organizado de¡ pueblo nadie puede detener a nadie.
Por eso deseo aprovechar esta oportunidad para pedirle a cada uno de ustedes que se transforme en un vigilante observador de todos estos hechos que quieran provocarse y actúe de acuerdo con las circunstancias.
Cada uno de nosotros debe ser un realizador, pero ha de ser también un predicador y un agente de vigilancia y control para poder realizar la tarea, y neutralizar lo negativo que tienen los sectores que todavía no han comprendido y que tendrán que comprender.
Compañeros: esta concentración popular me da el respaldo y la contestación a cuanto dije esta mañana.
Por eso deseo agradecerles la molestia que se han tomado de llegar hasta esta Plaza.
Llevaré grabado en mi retina este maravilloso espectáculo, en que el pueblo trabajador de la ciudad y de la provincia de Buenos Aires, me trae el mensaje que yo necesito.
Compañeros: con este agradecimiento quiero hacer llegar a todo el pueblo de la República nuestro deseo de seguir trabajando para reconstruir nuestro país y para liberarlo. Esas consignas, que más que mías son del pueblo argentino, las defenderemos hasta el último aliento.
Para finalizar, deseo que Dios derrame sobre ustedes todas las venturas y la felicidad que merecen. Les agradezco profundamente el que se hayan llegado hasta esta histórica Plaza de Mayo. Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que, para mí, es la palabra del pueblo argentino.


Juan Domingo Peron

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DEBEMOS COMENZAR A PENSAR EN GRANDE


30 de agosto de 1973

He querido llegar hasta aca para sintetizar las ideas que surgen del conocimiento paulatino que vamos tomando de la situacion nacional. Desgraciadamente, esa situacion nacional no es nada alentadora. Es indudable que durante muchos años las instituciones han ido trastocando sus funciones y paulatinamente degenerando en una direccion que no es ni ha sido la mas conveniente para la comunidad.En esto los argentinos tenemos que hablar sin reservas mentales, porque la situacion se puede ir compulsando a medida que es posible ir penetrando en los distintos factores y circunstancias que juegan tanto en la situacion politica como en la social, la economica, la cultural, etcetera. Solo ahora, con base en los informes que he ido recibiendo, puedo decir con toda franqueza cua1es son las ideas que nosotros debemos contemplar en estos momentos, para encarar una solucion que, con todo, no es nada facil.Creo yo, y asi lo he trasmitido a muchos senores -especialmente, dirigentes politicos con quienes he mantenido y mantengo un permanente contacto que la situacion de la Republica Argentina -y esto lo digo con la experiencia que presupone mi larga preocupacion por la cosa publica durante los dos periodos constitucionales de gobierno que me toco desempenar en el pasado-, creo que la situacion argentina es de tal naturaleza, que es imprescindible que todos los argentinos, deponiendo todas las pasiones que puedan habernos movido y todas las controversias en que podamos habernos vistos envueltos en el pasado, nos persuadamos de la necesidad de que todos, unidos y solidarios, nos pongamos a resolver una situacion que, de otro modo, puede conducirnos a un desastre futuro.Al conformarse un nuevo gobierno, cualquiera sea el candidato que tome la responsabilidad, debera asegurar para esa etapa una accion mancomunada, sin la cual el pais no tendra mucho que agradecernos. Pienso yo que al pais. durante este primer Gobierno del Pueblo, es necesario que lo consideremos como en estado de emergencia.Lo mismo que ha sucedido en otros paises que, al terminar una guerra o ante una gran catastrofe, declaran el estado de emergencia, en el cual toda otra consideracion menor pasa a segundo plana, para ir a 1o fundamental, que es la salvacion de la comunidad, fuera de la cual no hay solucion para nadie, porque nadie ha de realizarse en una comunidad que no se realiza.Con esa preocupacion es que he querido llegar hasta los compatriotas legisladores de todos los sectores. Cada uno debe estar animado de los mismos sentimientos y actuar con sinceridad que exige la consideracion de estos problemas. En consecuencia, se descuentan la buena intencion y la buena fe, sin reservas mentales de ninguna naturaleza, como debemos hablar hoy todos los argentinos, si es que tenemos el deseo de que el pais salga adelante, como creo ocurriro en poco tiempo.Los dos Gobiernos -el que transcurrio desde el 25 de mayo y el que esta actualmente en la direccion del Estado- han recibido una planificacion que no es de ahora. Si nosotros recien comenzamos ahora a estudiar los problemas y a preparar una planificacion, llegariamos tarde.Hace ya varios años que, en nuestro Movimiento, organismos perfectamente organicos han venido estudiando los problemas, de manera que el Gobierno ha recibido el producto de toda esa planificacion y de esos estudios, especialmente en el aspecto economico, que es por ahora uno de los mas importantes, fuera del politico, que es el mas importante de todos.La solucion del problema politico dara lugar a las demas soluciones. Pero el problema economico es de una importancia extraordinaria. Por eso se ha venido trabajando intensamente, y todos los proyectos de leyes que se han pasado a la consideracion de los senores legisladores han sido estudiados profundamente y pertenecen a un plan de conjunto, como deben ser los planes que elaboremos en el presente: pensando en el futuro inmediato.Por eso, yo hago de esta oportunidad una ocasion para pedirles a los senores legisladores que contemplen y aceleren los estudios de todos los aspectos del conjunto de leyes economicas, sin las cuales quedaran detenidos algunos planes, ya que solamente podran ejecutarse mediante estas leyes.Si no, habra que actuar con contratos, diremos de intencion, que no es lo mismo que poder hacer ya los contratos definitivos, porque la ayuda que nosotros necesitamos, y que esta en marcha, no hay que desperdiciarla.En esto, como en todas las ocasiones de la vida, al hierro hay que doblarlo cuando esta caliente. Yen este momento, nosotros tenemos oportunidad de poder asimilar una enorme ayuda, que quiza en el futuro no sea de la misma cantidad y de la misma calidadEste es un pedido que yo hago a los legisladores especialmente, por que estoy siguiendo muy de cerca toda esa legislacion. Hay que darse cuenta de que tampoco esta es una legislacion que fijarla todo con caracter definitivo, pero cualquier defecto que durante la marcha pueda observarse es susceptible de corregirse inmediatamente por una nueva legislacion que los señores legisladores tendran en sus manos y bajo su responsabilidad.De manera que lo que queremos es que no se pierda tiempo.Ya esto puede ponerse en marcha, y eso es de una importancia decisiva para la solucion de muchos problemas economicos que estan pendientes.Yo tenia tambien el deseo de tratar el problema politico. Ese problema politico, para nosotros, puede ser absolutamente decisivo.Existen circunstancias que estaria de mas que yo comentara, porque los argentinos somos pocos y nos conocemos bastante bien. Es necesario actuar a traves de un buendesviaciones, siempre posibles si son ayudadas por los dirigentes politicos.El dirigente politico en la Republica Argentina, como en casi toda Latinoamerica, tiene un momento de la vida en que debe contemplar con gran prudencia y penetracion su situacion.Las comunidades modernas, como los pueblos, no valen ni por la cantidad de territorio, ni por la cantidad de habitantes, sino por la calidad de 1os dirigentes politicos que las encuadran y las conducenPrecisamente contando con esto han especulado las fuerzas que venian actuando en favor de la dependencia. Y han especulado con mucha sabiduria.Hemos observado que, desde hace muchos años, los dirigentes politicos han sido objeto de una denigracion permanente. Es decir, hay una organizacion que se ha encargado de llevar a la conciencia de mucha gente facil de convencer que el politico es siempre un venal, un ladron, un sinverguenza y un hombre que no ama a su Patria.Esto, desgraciadamente, se ha hecho cierto en muchas oportunidades, y nosotros, los politicos, hemos sido los mejores colaboradores que tales patrañas han tenido, porque nosotros nos hemos encargado de decirnos todas esas cosas todos los dias, aun a sabiendas de que eran falsas y que servian a intereses que no eran los del pueblo argentino.Esto, señores, es un asunto ya muy conocido y que pertenece a la historia. Y aunque no han transcurrido en algunos casos los veinticinco años que permiten las publicaciones, podemos saber perfectamente como se han gestado y por que.Todo esto, para nosotros, ha comenzado en 1956 con la primera reunion de presidentes de America, que se realizo en la ciudad de Panama y a la que concurrieron los jefes de Estado de las veintiuna naciones latinoamericanas.En esa primera conferencia de presidentes de America, yo, que estaba desterrado en Panama, tuve ocasion de meter la nariz desde lejos; y la meti "porque entre los jefes que asistieron tenia buenos amigos".Hablando sobre la informacion publicada, uno de ellos, hombre de gran claridad, dijo:"Vea, todo esto ha sido con un solo objeto. Para que se ha hecho esta conferencia lo dijo en los ultimos dias de la Conferencia el presidente Eisennhower, y es porque una guerra internacional entre los parses latinoamericanos ya no seria posible en el futuro, por la sencilla razon de que las fuerzas, convencionales - es decir, ejercito, marina y aeronautica - habrian perdido su razon de ser de antes. Pero, como el comunismo era el enemigo que teniamos en el continente, esas fuerzas debian dedicarse exclusivamente a combatir al comunismo".Aprobada esta idea, se establecio una reunion de los comandantes en jefe para dos años despues, en San Jose de Costa Rica. En el interregno, entre el 56 y el 58, se invito a los jefes a las visitas consabidas, y en el Pentagono, probablemente, les hicieron el lavado de cerebro correspondiente; se establecieron cursos especializados de las fuerzas del Caribe en el Canal de Panama, y dos años despues se realizo la conferencia de San Jose.Pero lo importante viene despues.A raiz de eso, todos los paises latinoamericanos cayeron en manos de dictaduras militares. Las consecuencias las sacara cada uno de ustedes.Yes curioso que, juntamente con esa accion, donde indudablemente mediaron cuestiones inconfesables, arrecio de una manera tremenda el ataque contra los dirigentes politicos de toda Latinoamerica.Los diarios, revistas y, como digo, desgraciadamente nosotros mismos, nos encargamos de sacarnos el cuero mutuamente, en favor de una causa que realmente era una infamia.Por eso creo yo que, contra toda esa dependencia, debemos reaccionar.Ya no es posible que sigamos nosotros sirviendo intereses habilmente tramados, que van tras finalidades contra las cuales todos nosotros estamos decididos a combatir. Bajo tal dependencia, ningun pais podra realizar su propio destino.Pienso yo que todas esas circunstancias han de ser conocidas por el pueblo argentino, y especialmente por nosotros, los politicos, tan denigrados durante tantos años, a pesat de todos los sacrificios que hemos soportado para servir de alguna manera a la patria de la manera en que cada uno de nosotros la entiende.Señores, podria comentar que el haber estado tantos años lejos del pais me ha permitido conocer muchas cosas que aqui, con el trafico gallinaceo de firmar decretos todos los dias en la Casa de Gobierno, no se puede conocer. Pero nosotros debemos comenzar a pensar ya en grande.Ese juego de enanos que se ha dado en muchas oportunidades, tenemos que abandonarlo.Tenemos que empezar a pensar que formamos parte de un continente cuyo destino es envidiable, aun para los superdesarrollados, que se estan quedando sin las riquezas naturales, y a pensar que nosotros los que disponemos de esas reservas, seremos los ricos del porvenir, en tanto ellos seran los pobres del futuro.Este es un proceso que esta en marcha desde que termino la segunda guerra mundial. Es decir, que los que han destruido ecologicamente sus zonas de supervivencia echan sus ojos hacia las zonas de grandes reservas que todavia existen en la Tierra, aunque no porque hayamos sido muy previsores para no destruirlas, sino porque no hemos tenido ocasion de hacerlo.Pensemos en esta gran enseñanza, porque la etapa que viene de aca al comienzo del siglo XXI -el temido año 2000- tiene que ser de grandes previsiones si no queremos sucumbir. De ahi que nuestra politica internacional ha de estar dirigida a la unidad latinoamericana y a la conformacion de un continente unido, solidario y organizado para defenderse.Nada hay hoy mas importante en la politica internacional que eso, porque si no nos organizamos y preparamos para defendernos, nos lo van a quitar todo, y por telefono, si es necesario.
Hay que pensar, señores, en que va el mundo -y, sobre todo, los grandes paises- esta pensando en que esta evolucion que nosotros hemos presenciado, va a desembocar , quizas antes que comience el siglo XXI, en una organizacion universalista que reemplace al continentalismo actual. Y en esa organizacion universalista se llegara a establecer un sistema en que cada pais tendra sus obligaciones, vigilado por los demas, y obligado a cumplirlas aunque no quiera, porque es la unica manera de que la humanidad puede salvar su destino frente a la amenaza de la superpoblacion y de la destruccion ecologica del mundo.Asi que, nosotros debemos comenzar a pensar tambien, que ese universalismo ha de ser organizado por alguien, y que, si nosotros no nos disponemos tambien a intervenir en la organizacion de este internacionalismo, todos nuestros años de lucha por liberarnos seran inutiles, porque si los imperialismos actuales imponen el ritmo de esa universalizaci6n, lo haran en su provecho, no en el nuestro.Señores: por eso pienso que los enormes problemas que los argentinos de la generacion que no sigue a nosotros deberan resolver son de una importancia tal, y tan llenos de peligros y de asechanzas, que si no se los descarta por una accion que comencemos desde ahora, es probable que lleguemos con retardo a su solucion, en consecuencia, paguemos como pagan todos los que llegan tarde.Lo que quiero es tratar de despertar en el animo de los argentinos la conciencia de que debemos unirnos para resolver estas minucias de nuestra politica interna, porque esta frente de nosotros una juventud a la cual tendremos que legarle algo positivo, y lo positivo que podemos legarle es lo que hagamos para las soluciones del futuro mediato. Si no, la juventud tendra un dia derecho a decir que nosotros hemos sido unos patanes que no hemos sabido resolver un problema que en ese momento ellos veran con una. claridad meridiana.Seamos capaces de pensar, seamos capaces de prever, y empeñemonos en las empresas importantes, con todo el empeño que debemos poner, dejando las cosas subsidiarias y secundarias -como es la politica interna-, para resolver lo principal entre amigos que buscan y quieren un destino comun.Nuestro Gobierno ya esta dentro de estas orientaciones, y el Poder Ejecutivo esta obrando dentro de ellas. Asi, pues, hemos corregido muchas cuestiones que nos presentaban equivocamente frente a un mundo que nos esta observando.Dentro de pocos dias se realizara la segunda reunion de paises no alineados. Nosotros estamos y estaremos alli, estaremos dentro del concepto de lo que esa gente defiende: un tercer mundo. Un tercer mundo que en el futuro no dejara que los imperialismos puedan resolver el problema de la organizacion universal en su provecho y beneficio, y en perjuicio de todos los demas.Ahora, con referencia a esa politica interna, que tambien entre nosotros tiene su importancia -salvando, sin duda, el gran plafond donde debemos poner la inspiracion y el pensamiento para ese futuro al que debemos y tenemos derecho a aspirar, es indudable que ha llegado el momento de que la politica argentina cambie totalmente, sin dejar de seguir respetando, por supuesto, los principios democraticos en los que se ha fundado nuestra nacionalidad.Pero no dejaremos de obedecer tambien a esa evolucion que nos lleva hacia otras direcciones, que no son las mismas que ella. La democracia tiene en su concepcion integral, infinito numero de gradaciones y de matices. Se puede cumplir de varias maneras, como ha venido ocurriendo en todas las etapas de la evolucion de la humanidad.El Medioevo creo su sistema, el sistema feudal. Las nacionalidades crearon su sistema demoliberal. El continentalismo crea su sistema eminentemente social.El hombre no interviene sino subsidiariamente en la evolucion.Esta es obra del determinismo, y a veces del fatalismo historico. El hombre cree que el lo hace. iPobre ingenuo! El solo crea un sistema periferico, para poder, como una montura, acomodarse y cabalgar sobre la evolucion, sobre la etapa de la evolucion que le toca vivir .Asi hemos sido feudales, demoliberales, socialistas hoy, porque el mundo va, indudablemente, en esa direccion, y no sabemos que seremos en la etapa universalista, que esta mas proxima que lo que todos nosotros imaginamos.El Medioevo duro quinientos años, pero se andaba en carreta. En la epoca del automovil, el demoliberalismo duro dos siglos: el diecinueve y el veinte. El continentalismo, en la epoca del jet, ¡quien sabe si llega al año dos mil!Empezara un nuevo sistema, que caracterizara las nuevas formas de la organizacion universal, en la que todos los paises han de comprometer sus destinos si no quieren sucumbir .Porque este problema se resuelve de dos maneras. Una es buscando la solucion geopolitica que permita una mayor produccion y una mejor distribucion de los medios de subsistencia. La otra es la bomba de cien megatones, que tambien sera una solucion, si la insensatez de los hombres no acertara a resolver el problema por la via geopolitica.Me temo mucho que eso pueda suceder, porque veo como se comienzan a defender ya las formas politicas y sociales de una situacion injusta para el noventa por ciento del mundo. Alli esta el centro de inspiracion de nuestra politica, sin ocuparnos inutilmente de las palabras. No, son los hechos los que han de movilizar nuestra accion y nuestra conciencia, no las palabras.En esto, la politica interna de nuestro pais ha de cambiar, como cambian todas las democracias modernas. Hoy es imposible hacer congeniar los partidos politicos de hace un siglo y aun de hace medio siglo, cuando las formas falsas de la politica habian llegado a conseguir que un argentino pudiera ser mortalmente enemigo de otro argentino.Hoy eso, señores, es inaceptable. Es inaceptable aca y en Budapest. Es una cosa pasada ya para el mundo. Hoy, las formas de lucha politica son totalmente diferentes. Se hacen todas orientadas con un solo objetivo: el bien del pais, en el que cada uno pone su idea, sea de extrema derecha o de extrema izquierda, no interesa de donde, siempre que sea una idea que pueda ponerse al servicio del destino y la grandeza del pais.Señores, si fuera otra fuerza politica la que obtuviera el triunfo en las elecciones y se hiciera cargo del gobierno, para nosotros seria igual, en las circunstancias en que nos encontramos.Daremos sin ninguna clase de sectarismos y sin exclusiones de ninguna naturaleza la posibilidad de que cada argentino bien intencionado, cualquiera sea el rotulo con que venga, pueda intervenir en la accion de gobierno, ya sea en lo legislativo como en lo ejecutivo.Nosotros haremos posible que todos los argentinos, cualquiera sea su matiz politico, puedan intervenir en la defensa de la cosa publica, respetado por las demas fuerzas.Nunca he visto ese respeto a las minorias del que se habla, aunque lo he oido citar desde que tengo uso de razon. Pero lo he visto atropeltar tambien desde que tengo uso de razon. No he conocido ningun sistema argentino -y cumplire ya setenta y ocho años dentro de pocos dias-, no he visto que se le diera la menor importancia, como dicen los muchachos, que se le diera corte a las minorias, lo que es injusto, y no debe ser.Los grandes valores que la inteligencia pone en los hombres no indican que han de estar en la mayoria o en la minoria: estan en todas partes. Es necesario que eso sea lo que juntemos y acopiemos para llevar adelante el pais, siempre que este calificada con la honradez y la lealtad que este debe exigir a cada uno de sus hijos.Señores: yo no quiero abrumarlos a ustedes con muchas otras cuestiones que podriamos desarrollar dentro del panorama nacional. Me basta con pocas lineas sinteticas para fijar de una manera general la orientacion que el Movimiento Justicialista y el Frente Justicialista de Liberacion Nacional tratan de desarrollar, y es la de pedirles a todos los dirigentes politicos de las otras fuerzas politicas que sean nuestros amigos y nos acompañen en la tarea que es comun.Pensando en lo que hay que realizar "ningun esfuerzo realmente utilpara el pais puede ser despreciable". Yo he querido llegar a ustedes con estas palabras, que reafirman, de la manera mas absoluta, que nuestro gobierno, si es que triunfamos, sera un gobierno de emergencia, porque la situacion tambien es de emergencia.En ese gobierno de emergencia haremos lo que en los casos de emergencia hay que realizar: llamaremos a todos los argentinos y pondremos en sus manos la posibilidad de hacer cada dia algo por la felicidad de nuestro pueblo y la grandeza de nuestra Nacion.Yo quiero que todos los argentinos sepan que nuestro Movimiento ni es sectario, ni es excluyente. Hemos dado prueba de ello a lo largo de treinta años. Todo el que ha querido llegar a nuestro Movimiento, ha llegado, y ha tenido el mismo derecho que todos los demas, porque yo no creo que los movimientos sirvan solamente, como dicen algunos, con los de la primera hora. Sirven con los de todas las horas, y eso es lo que nosotros buscamos.Si en esa etapa de emergencia somas capaces de olvidar y echar a la espalda todas las pasiones que hayan podido agitarse en el pasado, recien entonces dispondremos del espiritu suficiente para encarar esta gran tarea comun con la solidaridad que el propio patriotismo nos esta exigiendo.

Juan Domingo Perón

Mensaje del General Peron, 21 de junio de 1973


Deseo comenzar estas palabras con un sa­ludo muy afectuoso al Pueblo Argentino. Llego del otro extremo del mundo con el corazón abierto a una sensibilidad patriótica que sólo la larga ausencia y la distancia pueden avivar hasta
su punto mas alto. Por eso, al hablar a los ar­gentinos lo hago con el alma a flor de labio y.
deseo que me escuchen también con el mismo estado de ánimo..

Llego casi desencarnado. Nada puede per­turbar mi espiritu porque retorno sin rencores ni pasiones, como no sea la pasión que animó toda mi vida: servir lealmente a la Patria. Y sólo pido a los argenítinos que tengan fe en el Gobierno justicialista, porque ése ha de ser el punto de partida para la larga marcha que iniciamos. Tal, vez la iniciacion de nuestra acción pueda parecer indecisa a Imprecisa, pero hay que‑ tener en cuenta las circunstancias en las que la iniciamos..
La situación del país es de tal gravedad que nadie puede pensar en una reconstrucción en la­que no debe participar y colaborar. Este proble­ma como ya lo he dicho muchas veces, o lo arreglamos, entre todos los argentinos o no lo arregla nadie. Por eso, deseo hacer un llamado a todos, al fin y al cabo hermanos, para que comencemos a ponernos de acuerdo.

Una deuda externa que sobrepasa los 6.O00 millones de dólares y un déficit cercano á los tres billones de pesos, acumulados en estos años, no han. de cubrirse.en meses,sino en anos. Nadie ha de ser unilateralmente perjudicado, pero tampoco ninguno ha de pretender medrar con el perjuicio o la desgracia ajena. No.son estos días para enriquecerse desapresivamente, sino para reconstruir la riqueza común, realizando a una comunidad en la que cada uno tenga la posibilidad de realizairse.
El Movimiento Justicialista, unido a todas las fuerzas políticas, sociales. Económicas y militares que ,quieran acompañarlo en su cruzada, de liberación y reconstrucción del país, jugara su destino dentro de la escala de valores establiécida primero la Patria, después el Moviento y luego los hombres en un gran movímíento nacional y popular que pueda respaldarlo.

Tenemos una revolución que realizar, pero para que ella sea válida ha de, ser de construcción pacífica y sin que cueste la vida de un solo argentino. No estamos en condiciones de seguir destruyendo frente a un destino preñado de acechanzas y peligros. Es preciso volver a lo que en su hora fue el apotegma de nuestra creación: "de casa al trabajo y del trabajo a casa". Sólo el trabajo podrá redimirnos de los desatinos pasados.
Ordenemos primero nuestras cabezas y nuestros espíritus. Reorganicemos al país y dentro de él al Estado que preconcebidamente se ha pretendido destruir y que debemos aspirar a que sea lo mejor que tengamos para corresponder a un Pueblo que ha demostrado ser maravilloso Para ello elijamos los mejores hombres, provengan de donde provinieren, acopiemos la Mayor cantidad de materia gris, todo juzgado por sus genuinos valores en plenitud y no por subalternos intereses políticos, influencias personales o bastardas concupiscencias.
Cada argentino ha de recibir una misión en este esfuerzo de conjunto. Esa misión será. Sagrada cada uno y su importancia estará, más que nada én su cumplimiento. En situaciones como la que vivimos, todo puede tener influencia decisiva y así como los cargos honran al ciudadano, éste también debe ennoblecer los cargos.
Si en las Fuerzas Armadas de la República, cada ciudadano, de general a soldado, está dispuesto a morir tanto en defensa de la soberania nacional como del orden constitucional establecido, tarde o temprano han de integrarse al Pueblo que ha de esperarlas con los brazos abiertos como se espera a un hermano que retorna al hogar solidario de los argentinos.
Necesitarnos una, paz constructiva sin la cual podemos sucumbir como Nación. Que cáda argentino, sepa defender esa paz solvadora por todos los medios, y si alguno pretendiera alterarla con cualquier pretexto, que se le opongan millones de pechos y se alcen millones de brazos para sustentarla con los medios que sean. Sólo asi podremos cumplir nuestro destino.
Hay que volver al orden legal y constítucional como única garantía de libertad y justicia. En la función pública no ha de haber cotos cerrados de ninguna clase y el que acepte la responsobitidad ha de exigir la, autoridad que necesita para defenderla dignamente. Cuando el deber está por medio los hombres no cuentan sino, en la medida en que sirvan mejor a ese deber. La responsabilidad no puede ser patrimonio de los amanuense
Cada argentino piense como piense y sienta como sienta, tiene el inalienable derecho a vivir en, seguridad y pacíficamente. El Gobierno tiene la insoslayable obligación de asegurarlo. Quien altere este principio de la convivencia, sea de un lado o. de otro, será el enernigo común que debemos combatir sin tregua, porque no ha de poderse hacer nada en la anarquía que la debilidad provoca o en la lucha que la intolerancia desata.
Conozco perfectamente lo que está ocurriendo el país. Los que crean lo contrario se équívocan. Estamos viviendo las consecuencias de una postguerra civil que, aunque desarrollada embozadamente no por eso ha dejado de existir. A ello se le suma las perversas intencionea de los factores ocultos que, desde la sombra, trabajan sin cesar tras desígnios no por inconfesables menos reales. Nadie puede pretender que todo esto cese de la noche a la mañana pero todos tenemos el deber inéludible de enfrentar actívamente a esos enemigos, si no querernos perecer en el infortunio de nuestra desaprensión o incapacidad culposa.
Pero el Movimiento Justicialista, que tiene una trayectoria y una tradición, no permanecerá frente a tales intentos y nadie podrá cambiarlas a espaldas del Pueblo que las ha afirmado.en fecha muy reciente y,ante la ciudadanía que comprende también tuál es el camino que mejor conviene a la Nación Argentina. Cada uno será lo que deba ser o no será nada.
Así como antes llamamos a nuestros compatriotas en "La Hora del Pueblo". "El Frente Cívico de Liberación" y "El Frente Justicialista de Liberación", para que mancomunando nuestros ideales y nuestros esfuerzos pidieramos pujar por una Argentina mejor, el Justicialismo, que no ha sido nunca ni sectario ni excluyente, llama hoy a todos los argentinos, sin distinción de banderías, para que todos solidariamente nos pongamos en la perentoria tarea de la reconstrucción nacional, sin la cual estaremos todos perdidos. Es preciso llegar así, y cuanto antes, a una sola clase de argentinos: los que luchan por la salvación de la Patria, gravemente comprometida en.su destino por los enemigos de afuera y de adentro.
Los Peronistas tenemos que retornar a la conducción de nuestro Movimiento. Ponerlo en marcha y neutralizar a los que pretenden deformarlo desde abajo o desde arriba. NOSOTROS SOMOS JUSTICIALISTAS Levantamos una bandera tan distante de uno como de otro de los im­perialismos dominantes. No creo que haya un argentino que no sepa lo que ello significa. No hay‑nuevos rótulos que califiquen a nuestra doc­trina ni a nuestra ideología: SOMOS LO OUE LAS VEINTE VERDADES PERONISTAS DICEN. No es gritando la vida por Perón que se hace Pa tría, sino manteniendo el credo por el cual luchamos.
Los viejos peronistas lo sabemos. Tampoco lo ignoran nuestros muchachos que levantan nuestras banderas revolucionarias. Los,que pretextan lo inconfesable, aunque cubran sus falsos designios con gritos engañosos, o se empeñen peleas descabelladas, no pueden engañar a nadie Los que no comparten nuestras premisas, si se subordinan al veredicto de las urnas tienen un camíno honesto para seguir en la lucha que ha de ser para el bien y la grandeza de la Patria, no para. su desgracia.
Los que ingenuaímentá. piensan que pueden copar a nuestro Movimiento o tomar el poder que el Pueblo ha reconquistado . se equivocan. Ninguna simulación o encubrimiento, por ingeniosos que sean, podrán engañar a un Pueblo que ha sufrido. lo que el nuestro y que está animado por una firme voluntad de vencer. Por eso, deseo advertir a los que tratan de infiltrarse en los estamentos populares o estatales, que por ese camino van mal. Así, aconsejo a todos ellos tomar el único camino genuinamente nacional: cumplir con nuestro deber de argentinos sin dobleces ni designios inconfesables. Nadie puede ya escapar a la tremenda experiencia que los años y el, dolor y los sacrificios han grabado a fúego en nuestras almas y para siempre
Tenemos un país que a pesar de todo no han podido destruir, rico en hombres y rico en bienes. Vamos aordenar el Estado y todo lo que de el dependa que pueda sufrir depresiaciones y olvidos. Esa será la principal tarea Mi Gobíerno. El resto lo hará el Pueblo Argentino, que en los años que corren ha demostrado una madurez y una capacidad superior a toda ponderación. En el final de este camino está la Argentina potencia, plena de prosperidad, con habitantes que puedan gozar del más alto "standard" de vida, que la tenemos en germen y que sólo debemos realizaría. Yo quiero ofrecer mis últimos años de vida en un logro que es, toda mi ambición; sólo necesito que los argentinos lo crean y me ayuden a cumplirla.
La inoperancia, en los momentos que tenemos que vivir, es un crimen de lesa Patria. Los que estamos en el país tenemos el deber de producir, por lo menos, lo que consumimos. Esta no es hora de vagos ni de vagos ni de inoperantes. Los científicos, los técnicos, los artesanos y los obreros que estén fuera del país deben retornar a él a fin de ayudarnos en la reconstrucción que estamos planificando y que hemos de poner en ejecución en el menor plazo.
Finalmente, deseo exhortar a todos mis compañeros peronistas para que, obrando con la mayor grandeza, echen a la espalda los malos recuerdos y se dediquen a pensar en el futuro y en la grandeza de la Patria, que bien puede estar desde ahora en nuestras propias manos y en nuestro ,propio esfuerzo.
A los que fueron nuestros adversarios, que acepten la soberanía de lPueblo, que es la verdadera soberanía, cuando se quiere alejar el fantasma de los vasallajes foráneos, siempre más indignos y costosos.
A los enemigos, embozados, encubiertos o ,disimulados, les aconsejo que cesen,en sus intentos, porque cuando los pueblos agotan su paciencia suelen hacer tronar el escarmiento.
Dios nos ayude, si somos capaces de ayudar a Dios. La oportunidad suele pasar muy ligero. ¡Guay de los que carecen de sensibilidad e imaginación para percibirla!
Un grande y cariñoso abrazo para todos mis compañeros, y un saludo afectuoso. y lleno de respeto para el resto de los argentinos.


Juan Domingo Peron

Mensaje a los jovenes Argentinos del año 2000, escrito en 1950


Jóvenes argentinos

La juventud argentina del año 2.000 querrá volver sus ojos hacia el pasado y exigir a la historia una rendición de cuentas encaminada a enjuiciar el uso que los gobernantes de todos los tiempos han hecho del sagrado depósito que en sus manos fueron poniendo las generaciones precedentes y también si sus actos y sus doctrinas fueron suficientes para llevar el bienestar a sus pueblos y para conseguir la paz entre las naciones.

Por desgracia para nosotros, ese balance no nos ha sido nada favorable. Anticipémonos a él para que conste al menos nuestra buena fe y confesemos lealmente que ni los rectores de los pueblos ni las masas regidas, han sabido lograr el camino de la felicidad individual y colectiva.

En el transcurso de los siglos, hemos progresado de manera gigantesca en el orden material y científico y si cada día se avanza en la limitación del dolor, es solamente en su aspecto físico, porque en el moral el camino recorrido ha sido pequeño.

El egoísmo ha regido muchas veces los actos de gobierno, y no es el amor al prójimo ni siquiera la comprensión o la tolerancia, lo que mueve las determinaciones humanas.

Esa acusación resulta aplicable tanto a los pueblos como a los individuos. Cierto de que en uno y en otros se dan ejemplos de altruismo, pero como hechos aislados de poca o ninguna influencia en la marcha de la humanidad. Es cierto que en ocasiones parece que se ha dado un gran impulso en favor de los nobles ideales y de las causas justas, pero la realidad nos llama a sí y nos hace ver que todo era una ilusión. Apenas terminada una guerra, ponemos nuestra esperanza en que ha de ser la última, porque las diferencias entre las naciones se han de resolver por las vías del derecho aplicado por los organismos internacionales. Pocos años bastan para demostrarnos con un conflicto bélico de mayores proporciones el tremendo error en que habíamos caído. Hasta el aspecto caballeresco de las batallas se ha perdido y hoy vemos con el corazón empedernido cómo al cabo de veinte siglos de civilización cristiana caen en la lucha niños, mujeres y ancianos.

Apenas un conflicto social ha sido resuelto, vemos asomar otro de más grandes proporciones, no siempre solucionado por las vías de la inteligencia y de la armonía, sino por la coacción estatal o dé las propias partes contendientes más fuertes, no el de mejor derecho.

Frente a esta lamentable realidad ¿de qué han servido las doctrinas políticas, las teorías económicas y las lucubraciones sociales? Ni las democracias ni las tiranías ni los empirismos antiguos ni los conceptos modernos han sido suficientes para aquietar las pasiones o para coordinar los anhelos. La libertad misma queda limitada a una hermosa palabra de muy escaso contenido, pues cada cual la entiende y la aplica en su propio beneficio. El capitalismo se vale de ella no para elevar la condición de los trabajadores procurando su bienestar sino para deprimirles y explotarles. Los poseedores de la riqueza no quieren compartirla con los desposeídos sino aceptarla y monopolizarla. E inversamente los falsos apóstoles del proletariado quieren la libertad más para usarla. como un arma'' en la lucha de clases que para obtener lo que sus reivindicaciones tengan de justas.

No ha empezado a alborar el liberalismo económico cuando para impedir sus abusos tiene el Estado que iniciar una intervención cada día más intensa a fin de evitar el daño entre las partes y el daño a la colectividad. Pero tampoco su intervencionismo constituye remedio eficaz porque o es partidista o trata de anular las libertades individuales y con ellas a la propia persona humana.

El mundo ha fracasado. Mas este fracaso, ¿ será tan absoluto que no deje un mínimo resquicio a la esperanza? Posiblemente podamos mantener el optimismo con la ilusión de que el avance de la humanidad hacia su bienestar es tan lento que no lo percibimos, pero, de cada evolución queda una partícula aprovechable para el mejor desarrollo de la humanidad. El avance es invisible y está oculto por sus propios vicios a que antes he aludido; pero no por eso deja de existir.

Se haría más perceptible si cada uno de nosotros se despojase de algo propio en beneficio de sus semejantes, si tratase de dirimir las disputas con la razón y no con la violencia. Dentro de mis posibilidades así he procurado hacerlo y en este sentido he orientado mi labor de gobernante. Válgame por lo menos la intención y sea ella la que juzguen y valoren mis críticos del porvenir.

La humanidad debe comprender que hay que formar una juventud inspirada en otros sentimientos, que sea capaz de realizar lo que nosotros no hemos sido capaces. Esa es la verdad, es la amarga verdad que la humanidad ha vivido y es también la verdad más grande que en estos tiempos debemos sustentar sin egoísmos, porque éstos no han conducido más que a desastres.

En nuestra querida Argentina el panorama descripto se ha sentido sin ser cruento, pero en el orden general los hechos prueban que ha sido el acierto la resolución que ha precedido nuestra realidad. La independencia política que heredamos de nuestros mayores hasta nuestros días, no había sido efectivizada por la independencia económica que permitiera decir con verdad que constituíamos una nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.

Por eso nosotros hemos luchado sin descanso para imponer la justicia social que suprimiera la miseria en medio de la abundancia; por eso hemos declarado y realizado la independencia económica que nos permitiera reconquistar lo perdido y crear una Argentina para los argentinos, y por ese nosotros vivimos velando porque la soberanía de la Patria sea inviolable e inviolada mientras haya un argentino que pueda oponer su pecho al avance de toda prepotencia extranjera, destinada a menguar el derecho que cada argentino tiene de decidir por sí dentro de las fronteras de su tierra.

Contra un mundo que ha fracasado, dejamos una doctrina justa y un programa de acción para ser cumplido por nuestra juventud: ésa será su responsabilidad ante la Historia.

Quiera Dios que ese juicio les sea favorable y que al leer este mensaje de un humilde argentino, que amó mucho, a su Patria y trató de servirla honradamente, podáis, hermanos del 2000, lanzar vuestra mirada sobre la Gran Argentina que soñamos, por la cual vivimos, luchamos y sufrimos.


Juan Domingo Peron

Hacia el Universalismo (1974)


Construir al mundo en su conjunto exige liberarse de dominadores particulares

Hace exactamente veinte años, dije al pueblo argentino: Nunca me he sentido otra cosa que un hombre demasiado humilde al servicio de una causa siempre demasiado grande para mí, y no hubiese aceptado nunca mi destino si no fuera porque siempre me decidió el apoyo cordial de nuestro pueblo.
La conformación de nuestra doctrina, que pueden aceptar todos los argentinos porque tiene caracteres de solución universal y que, incluso, puede ser aplicada como solución humana a la mayor parte de los problemas del mundo como tercera posición filosófica, social, económica y política constituyó la primera etapa de lo que podría denominarse la despersonalización de los propósitos que la revolución había encarnado en mí. No se vence con violencia: se vence con inteligencia y organización; necesitamos seguir estructurando nuestras organizaciones y hacerlas tan poderosas que en el futuro sean invencibles; el futuro será nuestro.
Antiguas palabras, éstas, pero conservan aún toda su vigencia. Regresan hoy para señalar el curso de nuestro irreversible proceso revolucionario y de una vocación de grandeza, que no se puede torcer ni desvirtuar.Vivimos tiempos tumultuosos y excitantes. Lo que antes apareciera como simple hipótesis y, generalmente, como teoría negada o discutida, es hoy una realidad universal que está determinando el curso de la historia.La hora de los localismos cede el lugar a la necesidad de continentalizarnos y de marchar hacia la unidad planetaria.Felizmente, este tiempo que nos toca vivir, y dentro del que somos protagonistas inevitables, nos encuentra a los argentinos unidos como en las épocas más fecundas de nuestra historia.Es un verdadero milagro el que podamos ahora dialogar y discrepar entre nosotros, pensar de diferente manera y estimar como válidas distintas soluciones, y llegar a la conclusión de que, por encima de los desencuentros, nos pertenece por igual la suerte de la patria, en la que está contenida la suerte de cada uno de nosotros, en su presente y en su porvenir.Ha comenzado de este modo el tiempo en que para un argentino no hay nada mejor que otro argentino.Esto sólo es ya revolución de suficiente trascendencia como para agradecer a Dios que nos haya permitido vivir para disfrutarlo.Se percibe ya con firmeza que la sociedad mundial se orienta hacia el universalismo que, a pocas décadas del presente, nos pueden conducir a formas integradas tanto en el orden económico como en el político.La integración social del hombre en la tierra...La integración económica podrá realizarse cuando los imperialismos tomen debida conciencia de que han entrado en una nueva etapa de su accionar histórico y que servirán mejor al mundo en su conjunto y a ellos mismos, en la medida en que contribuyan a concebir y accionar a la sociedad mundial como un sistema, cuyo único objetivo resida en lograr la realización del hombre en plenitud, dentro de esa sociedad mundial.La integración política brindará el margen de seguridad necesario para el cumplimiento de las metas sociales, económicas, científico-tecnológicas y de medio ambiente, al servicio de la sociedad mundial.El itinerario es inexorable, y tenemos que prepararnos para recorrerlo. Y, aunque ello parezca contradictorio, tal evento nos exige desarrollar desde ya un profundo nacionalismo cultural, como única manera de fortificar el ser nacional, para preservarlo con individualidad propia en las etapas que se avecinan.El mundo en su conjunto no podrá constituir un sistema, sin que a su vez estén integrados los países en procesos paralelos. Mientras se realice el proceso universalista, existen dos únicas alternativas para nuestros países: neocolonialismo o liberación.Construir al mundo en su conjunto exige liberarse de dominadores particulares. Es esta, pues, la esencia conceptual de nuestra posición, que tendrá que ser plasmada, más allá de fronteras ideológicas.La pertinacia en levantar fronteras ideológicas no hace sino demorar el proceso y aumentar el costo de construcción de la sociedad mundial.Para construir la sociedad mundial, la etapa del continentalismo configura una transición necesaria. Los países han de unirse progresivamente sobre la base de vecindades geográficas y sin imperialismos locales y pequeños. Esta es la concepción de la Argentina para Latinoamérica: justa, abierta, generosa y sobre todas las cosas sincera.A niveles nacionales, nadie puede realizarse en un país que no se realiza. De la misma manera, a nivel continental, ningún país puede realizarse en un continente que no se realice.Queremos trabajar juntos para edificar Latinoamérica dentro del concepto de comunidad organizada.Sólo queremos caminar al ritmo del más rápido. Y teniendo en cuente que no todos han de pensar de la misma manera, respetuosos de sus decisiones, habremos de unirnos resueltamente con quienes quieran seguir nuestro propio ritmo. Latinoamérica es de los latinoamericanos. Tenemos una historia tras de nosotros. La historia del futuro no nos perdonaría el haber dejado de ser fieles a ella.Nuestra tarea común es: la liberación. Liberación tiene muchos significados: En lo político, configurar una nación sustancial, con capacidad suficiente de decisión nacional, y no una nación en apariencia, que conserva los atributos formales del poder, pero no su esencia. En la económico, hemos de producir básicamente según las necesidades del pueblo y de la nación, y teniendo también en cuenta las necesidades de nuestros hermanos de Latinoamérica y del mundo en su conjunto. Y, a partir de un sistema económico que hoy produce según el beneficio, hemos de armonizar ambos elementos para preservar recursos, lograr una real justicia distributiva y mantener siempre viva la llama de la creatividad.En lo socio-cultural, queremos una comunidad que tome lo mejor del mundo del espíritu, del mundo de las ideas y del mundo de los sentidos, y agregue a ello todo lo que nos es propio, autóctono, para desarrollar un profundo nacionalismo cultural. Tal será la única forma de preservar nuestra identidad y nuestra autoidentificación. Argentina como cultura tiene una sola manera de identificarse: Argentina. Y para la fase continentalista en la que vivimos y universalista hacia la cual vamos, abierta nuestra cultura a la comunicación con todas las culturas del mundo, tenemos que recordar siempre que Argentina es el hogar.La lucha por la liberación es, en gran medida, lucha también por los recursos y la preservación ecológica, y en ella estamos empeñados. Los pueblos del Tercer Mundo albergan las grandes reservas de materias primas, particularmente las agotables. Pasó la época en que podían tomarse riquezas por la fuerza, con el argumento de la lucha política entre países o entre ideologías.En lo científico-tecnológico se reconoce el núcleo del problema de la liberación. Sin base científico-tecnológica propia y suficiente, la liberación se hace también imposible. La liberación del mundo en desarrollo exige que este conocimiento sea libremente internacionalizado sin ningún costo para él. Hemos de luchar por conseguirlo; y tenemos para esta lucha que recordar las esencias: todo conocimiento viene de Dios. Finalmente, la liberación exige una correcta base institucional, tanto a nivel mundial como en los países individualmente. La organización institucional tendrá que ser establecida una vez clarificado qué se quiere, cómo ha de lograrse lo que se quiere y quién ha de ser responsable por cada cosa.Venimos haciendo en el país una revolución en paz para organizar la comunidad y ubicarla en óptimas condiciones a fin de afrontar el futuro.Revolución en paz significa para nosotros desarmar no sólo las manos sino también los espíritus, y sustituir la agresión por la idea, como instrumento de lucha política. Los trabajadores, columna vertebral del proceso, están organizándose para que su participación trascienda largamente la discusión de salarios y condiciones de trabajo. El país necesita que los trabajadores, como grupo social, definan cuál es la sociedad a la cual aspiran, de la misma manera que los demás grupos políticos y sociales. Ello exige capacitación intensa y requiere también que la idea constituya la materia prima que supere a todos los demás instrumentos de lucha. Los empresarios se han organizado sobre bases que han hecho posible su participación en el diálogo y el compromiso. De aquí en más, el gobierno ha de definir políticas, actividad por actividad, y comprometer al empresariado en una tarea conjunta, para que su capacidad creativa se integre al máximo en el interés del país. Para identificar el papel de los intelectuales, hay que comenzar por recordar que el país necesita un modelo de referencia que contenga, por lo menos, los atributos de la sociedad a la cual se aspira, los medios para alcanzarlos y una distribución social de responsabilidad para hacerlo. Este proceso de elaboración nacional tendrá que lograrse haciendo converger tres bases al mismo tiempo: lo que los intelectuales formulen, lo que el país quiera y lo que resulte posible realizar. A ellos toca organizarse para hacerlo. El intelectual argentino debe participar en el proceso, cualquiera sea el país en que se encuentre. Hay una cabal coincidencia entre la concepción de la Iglesia, nuestra visión del mundo y nuestro planteo de justicia social, por cuanto nos basamos en una misma ética, en una misma moral, e igual prédica por la paz y el amor entre los hombres. La democracia a la cual aspiramos es una democracia plena de justicia social. Y, en consecuencia, concibe al gobierno con la forma representativa, republicana, federal y social. Social por su forma de ser, por sus objetivos y por su estilo de funcionamiento.Esclarezcamos nuestras discrepancias y, para hacerlo, no transportemos al diálogo social institucionalizado nuestras propias confusiones. Limpiemos por dentro nuestras ideas, primero, para construir en el diálogo social después. Nuestra patria necesita imperiosamente una ideología creativa que marque con claridad el rumbo a seguir y una doctrina que sistematice los principios de esa ideología.Para ello debemos tener en cuenta que la conformación ideológica de un país proviene de la adopción de una ideología foránea o de su propia creación. Con respecto a la importación de ideologías directamente o adecuándolas, no sólo alimenta ella un vicio de origen, sino que también es insuficiente para satisfacer las necesidades espirituales de nuestro pueblo y del país como unidad jurídicamente constituida. El mundo nos ha ofrecido dos posibilidades extremas: el capitalismo y el comunismo. Interpreto que ambas carecen de los valores substanciales que permiten concebirlas como únicas alternativas histórico-políticas. Paralelamente, la concepción cristiana presenta otra posibilidad, pero sin una versión política suficiente para el ejercicio efectivo del gobierno.Los argentinos tenemos una larga experiencia en esto de importar ideologías, ya sea en forma total o parcial. Es contra esa actitud que ha debido enfrentarse permanentemente nuestra conciencia. Las bases fértiles para la concepción de una ideología nacional coherente con nuestro espíritu argentino han surgido del mismo seno de nuestra patria. El pueblo, fuente de permanente creación y autoperfeccionamiento, estaba preparado hace treinta años para conformar una ideología nacional, social y cristiana.Sin embargo, no fuimos comprendidos cuando, respondiendo a esa particular exigencia histórica, propugnamos la justicia social como inmanente al ser nacional, a pesar de que la justicia social está en la base de la doctrina cristiana, que surgió en le mundo hace 2.000 años.Al calor de intereses políticos y económicos, se originaron numerosos equívocos como la identificación de la democracia con el liberalismo, y a ellos se deben confusiones ideológicas que, en su momento, configuraron el marco necesario para el mantenimiento de intereses imperialistas. Con todo, esa ideología intrínsecamente argentina, y la consecuente doctrina, crecieron en la conciencia del pueblo.El justicialismo es el resultado de un conjunto de ideas y valores que no se postulan: se deducen y se obtienen del ser de nuestro propio pueblo. Es como el pueblo: nacional, social y cristiano. Es una filosofía de la vida, simple, práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente humanista.La aparición y la evolución de la concepción justicialista corresponden al desarrollo histórico natural de nuestras ideas, y son patrimonio de todo el pueblo argentino. En esa medida, el ideólogo es sólo un intérprete. Ni la justicia social ni la libertad recíprocamente apoyadas son comprensibles en una comunidad integrada por hombres que no se han realizado plenamente en su condición humana.

Por eso el justicialismo quiere para el hombre argentino:

Que se realice en sociedad, armonizando los valores espirituales con los materiales y los derechos del individuo con los derechos de la sociedad;
Que haga una ética de su responsabilidad social;
Que se desenvuelva con plena libertad en un ámbito de justicia social;
Que esa justicia social esté fundada en la ley del corazón y la solidaridad del pueblo, antes que en la ley fría y exterior;
Que tal solidaridad sea asumida por todos los argentinos, sobre la base de compartir los beneficios y los sacrificios equitativamente distribuidos;
Que comprenda a la nación como unidad abierta generosamente con espíritu universalista, pero conciente de su propia identidad.

Creo que no podemos detenernos en discutir si es más aconsejable la programación que el desarrollo espontáneo, porque la segunda alternativa implica dejar a la sociedad librada a sus propias fuerzas y convertirla así en terreno fértil para distorsiones neocolonialistas.La conducción política se diferencia del gobierno político-administrativo. La conducción política es una materia indelegable de quien ejerza la Primera Magistratura, pues da sustento a la capacidad de hacer en lo político-administrativo. Lo político-administrativo corresponde a las decisiones y acciones que se adopten a través de los mecanismos corriente del gobierno.Las condiciones objetivas que hacen a la conducción superior implican que nadie puede gobernar sin el apoyo del pueblo. Afirmé anteriormente que la importación de ideologías alimenta un vicio de origen. Detengámonos en este problema. Si una ideología no resulta naturalmente del proceso histórico de un pueblo, mal puede pretender que ese pueblo la admita como representativa de su destino. Este es el primer motivo por el cual no puede optar ni por el capitalismo liberal ni por el comunismo. El rechazo de las posibilidades extremas no sólo se fundamenta en la desconexión de aquellas con la estructura íntima de nuestra nacionalidad, sino también en el hecho de que su adopción implica servir automáticamente al neocolonialismo. Optar por un modelo equidistante de las viejas ideologías es, consecuentemente, decidirse por la liberación. Por más coherencia que exhiba un modelo, no será argentino si no se inserta en el camino de la liberación.Es por eso que la progresiva transformación de nuestra patria para lograr la liberación debe, paralelamente, preparar al país para participar de dos procesos que ya se perfilan con un vigor incontenible: la integración continental y la integración universalista.Si aisláramos nuestra respuesta, la comunidad por la que luchamos quedaría a espaldas de un destino superior que espera a todos los hombres que en el mundo comparten ideales de justicia y verdad.De dos fuentes proviene el crecimiento económico de los países más avanzados. Por un lado, de sus propios recursos tecnológicos y acumulación de capital. Por el otro, del acceso a las riquezas y el trabajo de los países colonizados.El traspaso de las riquezas de estos últimos países a las grandes potencias se efectuó de muy diversas formas. De acuerdo con las circunstancias, se utilizó desde el procedimiento de la apropiación física hasta el de la remesa de beneficios para las inversiones imperiales, pasando por etapas intermedias de ambos extremos.De esa manera, muchos países colonizados expandieron su producto, pero no su ingreso. Así mostraron un aparente progreso que, en realidad, encubría su miseria.Para mantener este sistema, se necesitó la dominación política. El arma empleada para ello se adecuó también a las circunstancias.Fue así como se acudió al empleo de las fuerzas militares, en intervenciones directas o indirectas; al copamiento de gobiernos o de sectores claves del país; a la complicidad de los grupos dirigentes; a la acción sutil de las organizaciones que sirven a intereses supernacionales; a los empréstitos, que, bajo la forma de _ayudas_, atan cada vez más a los países dependientes.Es decir, se recurrió a cuanto procedimiento fuera útil para los fines de dominación perseguidos.Esta ha sido la evolución particularmente notable del sistema imperialista durante casi todo el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. En su transcurso, las espaldas de los trabajadores de los pueblos sometidos Ðtanto del mundo oriental como del occidental han sobrellevado, en buena medida, la carga del progreso de las metrópolis imperialistas.Pero la situación internacional está sufriendo profundas conmociones: los pueblos comienzan a despertar, y eso es causa de que los países dependientes se vean obligados a tomar partido frente a dos elecciones:Por un lado, elegir entre neocolonialismo y liberación. Para nosotros la elección es obvia, y cuando dijimos que había que construir el Tercer Mundo, no hicimos otra cosa que dar un nombre y un sentido al camino de la liberación elegido.Argentina inició un proceso de cooperación latinoamericana para lograr la liberación. Ya la idea de Comunidad Latinoamericana estaba en San Martín y Bolívar; ellos sembraron las grandes ideas y nosotros hemos perdido un siglo y medio vacilando en llevarlas a la práctica.Ahora, para corregir el rumbo que equivocadamente tomamos, debemos profundizar, entre otros lazos de unión, la línea de los tratados de complementación económica, que, como el firmado en Santiago de Chile hace 25 años, entre este país y Argentina, estén abiertos a la adhesión de los demás países del área, con la finalidad de alcanzar una integración económica sudamericana.Este proceso arroja algunas enseñanzas:Unión latinoamericana: Cada país participa de un contexto internacional, al que no puede sustraerse. Las influencias recíprocas son tan significativas, que reducen las posibilidades de éxito en acciones aisladas.Por ello la comunidad latinoamericana debe retomar la creación de la propia historia, tal como la vislumbró la clarividencia de nuestros libertadores, en lugar de seguir por la historia que quieren crearle los mercaderes internos y externos.Lo repito una vez más: El año 2000 nos encontrará unidos o dominados,. Nuestra respuesta, contra la política de dividir para reinar, debe ser la de construir la política de unirnos para liberarnos.Reacción imperialista: Tenemos que admitir como lógica la acción de los imperialismos en procura de evitar que la unión de nuestros países se realice, ya que ello es opuesto a su interés económico y político.En consecuencia, debemos admitir que la lucha es necesaria. Pero nosotros también aprendimos a reducir el costo social de la lucha.Verdad y justicia: Puede discutirse mucho acerca de si existe o no, determinismo histórico. Pero yo tengo, al menos, la certeza que existe una constante en el hecho de que el hombre tiene sed de verdad y justicia, y que cualquier solución de futuro no podrá apartarse del camino que las satisfaga.Trabajar con los pueblos: Para tener éxito en esta empresa lo esencial reside en trabajar con los pueblos y no simplemente con los gobiernos; porque los pueblos están encaminados a una tarea permanente y los gobiernos muchas veces a una administración circunstancial de la coyuntura histórica.La brecha tecnológica: Las diferencias que nos separan de las grandes potencias han sido ahondadas por la brecha tecnológica.Debemos, entonces, desarrollar tecnología. Ello exige una mínima dimensión económica y no abarcar la totalidad de la gama tecnológica.El egoísmo y la sociedad competitiva: En el transcurso del tiempo, hemos venido progresando de manera gigantesca en el orden material y científico; pero veinte siglos de cristianismo parecen no haber logrado, suficientemente, hasta ahora, la superación del egoísmo como factor motriz del desarrollo de los pueblos. La sociedad competitiva es su consecuencia.Esto arroja luz sobre el hecho de que la cooperación y la solidaridad son elementos básicos a considerar en el futuro.El materialismo: El pragmatismo ha sido el motor del progresos económico. Pero también hemos aprendido que una de las consecuencias de este proceso ha sido la reducción de la vida interior del hombre, al pasar de un idealismo riguroso a un materialismo utilitario.El mundo debe salir de una etapa egoísta y pensar más en las necesidades y esperanzas de la comunidad. Lo que importa hoy es persistir en ese principio de justicia, para recuperar el sentido de la vida y devolver al hombre su valor absoluto.Necesidad de una ética: La historia nos indica que es imprescindible promover la ética individual, primero, desarrollar después la consecuente conducta social y desprender finalmente de ellas la conducta económica. La libertad se instala en los pueblos que poseen una ética, y es ocasional donde esa ética falta.Pensamiento y acción: No puede haber divorcio alguno entre el pensamiento y la acción mientras la sociedad y el hombre se enfrenten con la actual crisis de valores, acaso una de las más profundas de cuantas se hayan registrado. Es posible que el pensamiento haya perdido, en los últimos tiempos, contacto directo con las realidades del devenir histórico Pero es cierto que ha llegado la hora de los pueblos, y que ella exige un pensamiento en acción.En el ámbito económico, el país ha producido siempre en función del beneficio, sin disciplinar cabalmente su producción en función de las necesidades esenciales de la población.Es indudable que se perdió tiempo y que los recursos no fueron convenientemente utilizados.Sin embargo, en la actualidad tenemos un ingreso por habitante razonablemente elevado y, además, el país se está industrializando aceleradamente. Esta realidad nos permite afirmar que no somos un país subdesarrollado.La distribución del ingreso familiar no es aún la más adecuada, y mucho debe hacerse para vigorizarla. En realidad, hacia 1955, se había llegado a un nivel en la distribución y en la participación del salario en el ingreso nacional que satisfacía las necesidades de la población.Desde allí, las soluciones económicas siguieron a las soluciones políticas, y la participación del salario en el ingreso disminuyó.Es imposible mantener una distribución socialmente aceptable si las decisiones económicas no acompañan a la política social que se desea imponer.Cuando las decisiones económicas siguen un patrón inadecuado, la distribución del ingreso queda subordinada al mismo, más allá de los buenos deseos de cualquier gobierno. En consecuencia, lo que llamamos justicia social también requiere para su materialización una efectiva participación del gobierno y una elevada eficiencia del mismo.Se produjo, por otra parte, un decisivo retroceso en el terreno de las decisiones económicas. Hasta 1943, con industrialización incipiente, dichas decisiones estaban adaptadas a los intereses del campo. Buscamos establecer un sano equilibrio para promover la industrialización y una organización del poder de decisión para nuestro sector industrial. En 1955, no se había alcanzado a afirmar la existencia de un empresariado industrial argentino como factor contribuyente al desarrollo nacional, pero estaba en el camino. Desde entonces la industria creció con alto apoyo externo; pero el capital extranjero se concentró en gran medida, al aporte tecnológico y también a la compra de empresas existentes en el país.Debemos tener en claro que lo esencial, con respecto a los objetivos que debe perseguir una actividad radicada en el país, es que ellos deberán considerar tanto el aporte a la economía nacional como el beneficio al empresario. Esto debe definir una conducta coherente respecto de los intereses nacionales y los del empresario.Pero, si se trata de obtener tantos beneficios como sea posible, consolidando intereses que están en el exterior, los aportes a la economía nacional se alejarán considerablemente de lo que resulta conveniente para el país.En esta materia, no basta lograr soluciones apresuradas para las grandes cuestiones, pensando que todo lo demás ha de resolverse por sí solo. No basta tampoco elaborar soluciones a medias, tomando decisiones sobre la inversión extranjera sin establecer claramente la actividad en la cual han de insertarse. Hay que establecer políticas diferenciales, en todos los campos, y fijar con precisión suficiente la forma de preservar los objetivos nacional.También se comprueba que no hubo una conciencia adecuada sobre la utilización de los recursos financieros del país, por cuanto no se alcanzó a determinar con claridad si la masa de capital interno disponible posibilita el desarrollo y la expansión, o si era necesario su incrementación con el aporte de capital extranjero para alcanzar tales objetivos. Igualmente, en necesario tener en cuenta que no existe similitud entre concentración de capital y concentración empresaria. La relación entre una y otra debe conducirse armoniosamente, de acuerdo con las reales necesidades nacionales.Analizando el proceso, se ve Ðen otro tipo de problemas que, cuando una sociedad incremente el grado de sofisticación del consumo, aumenta a la vez su nivel de dependencia. Esto es, en gran medida, lo que ocurrió entre nosotros.Por un lado, el ciudadano se ve forzado a pagar por la tecnología de lo trivial; por otro, el país gasta divisas en un consumo innecesario.Pero, a la vez, es impostergable expandir el consumo esencial de las familias de menor ingreso, atendiendo sus necesidades con sentido social y sin exigencias superfluas. Esta es la base de la demanda nacional, que es el motor esencial del desarrollo económico.El proceso económico ha mostrado, además, que el país acumula más ahorro que el que usa. En otras palabras, que lo que gana con sus exportaciones excede a lo que necesita gastar a través de sus importaciones y otros conceptos. No obstante ello, tal posibilidad fue insuficientemente explotada, ya que, a la par de incrementar la deuda pública, no se logró el desarrollo nacional requerido por el país.Tuvimos todo tipo de experiencias en este sentido, y ahora, entre otras cosas, sabemos combatir establemente un mal como la inflación. Pero ello se consigue sólo cuando hay capacidad política para usar el remedio natural dado por una política de precios e ingresos.Es evidente que las recetas internacionales que nos han sugerido bajar la demanda para detener la inflación no condujeron sino a frenar el proceso y a mantener o aumentar la inflación.En esta cuestión, no se acertaba con la solución adecuada. Por épocas, se bajó la demanda pública mediante la contención del gasto olvidando el sentido social del gasto público; se bajó la demanda de las empresas mediante la restricción del crédito olvidando también el papel generador de empleo que desempeña la expansión de las empresas; y se bajó la demanda de los trabajadores mediante la baja del salario real.Pero, como al mismo tiempo no se adoptaron las medidas para que todos participen en el sacrificio, en definitiva fueron las espaldas de los trabajadores las que soportaron el peso de estas políticas de represión para combatir la inflación que el país aceptó, y que repitió, aunque su ineptitud quedó bien probada por la misma historia.Es ésta una experiencia muy importante derivada de nuestro proceso; y puesto que necesitamos evitar la inflación para seguir adelante con auténtica efectividad, debemos tenerla permanentemente en cuenta.Por otra parte, se puede ver que hubo una insuficiente utilización de los recursos, especialmente del recurso humano que ha sido deficientemente incorporado, de acuerdo con la evidencia surgida de las tasas de desempleo. Lo mismo aconteció con el recurso formidable que significa el capital intelectual científico y técnico nacional, emigrado por falta de trabajo en el país.A esto se llegó por carecerse de planificación, ya que, cuando se planifica adecuadamente, puede lograrse una utilización total de los recursos disponibles.Para que la planificación sea efectiva no bastan los planes de mediano o largo plazo. Las decisiones concretas de política económica requieren también planes de corto plazo, que deben ser los reales propulsores de la actividad. A través de ellos la coyuntura puede ser manejada en función de un verdadero valor de instrumento para conducir la economía en el mediano y largo plazo.Establecida la planificación en tales términos, es posible actuar realmente con la eficiencia necesaria para lograr la mayor parte de la expansión física que el país debe producir año a año.En gran medida, en los últimos lustros, nos hemos manejado con nombres y no con programas; y, salvo en algunos períodos que deben ser rescatados por la seriedad de conducción, la política que resultó fue de neto corte liberal.La conducción en el campo económico está en excelentes condiciones para alcanzar sus objetivos cuando su contexto aparece definido en programas de acción claramente concebidos.En última instancia, la experiencia de lo que hace a la planificación en este campo es también definitiva; el gobierno en lo económico no tiene otra forma de conducirse. La planificación es consecuencia necesaria de la organización, e instrumento para la conducción concreta.En el ámbito Científico-Tecnológico el desarrollo de la ciencia y la tecnología argentinas ha sido hasta ahora fecundo, pero insuficiente.Fecundo por el efectivo nivel de acumulación de conocimientos científicos y tecnológicos alcanzado, en virtud, principalmente, de cuatro factores:

1) El crecimiento de las universidades
2) La incorporación de tecnología proveniente del exterior
3) La investigación nacional aplicada particularmente al sector agropecuario
4) El avance de la investigación de postgrado.

Insuficiente, también, porque el país aún no ha organizado convenientemente vinculaciones estables y verdaderamente productivas entre el sistema científico-tecnológico, el gobierno, el sistema de producción física y el sistema financiero.Ello ha contribuido a dispersar la investigación, a no permitir una demanda de ciencia y tecnología y a incrementar el conocido drenaje de inteligencia.La incorporación de tecnología atada al capital extranjero, particularmente en el sector industrial, creó compromisos tecnológicos onerosos en divisas.No obstante ello, la acumulación de conocimientos tecnológicos ha sido efectivamente acelerada por la misma naturaleza de la producción industrial.El costo de la tecnología que venimos empleando es muy alto, principalmente porque el ingreso del conocimiento tecnológico no ha sido programado ni administrado con sentido nacional, preservando los intereses del país.Prueba de ello es el ingreso de tecnología extranjera en terrenos en los que se mantienen ociosos recursos materiales capaces de producir la misma tecnología que se importa.Es natural que empresas de capital extranjero se apliquen especialmente a actividades más densas en tecnología foránea.Por otra parte, la selección de técnicas no ha sido siempre afortunada. En numerosas oportunidades se han importado técnicas obsoletas y poco adaptables a las condiciones locales. Por añadidura, en muchos casos hubo restricciones, tales como la prohibición de exportar artículos con tecnología importada y el establecimiento de determinados controles realmente inaceptables.Ahora se trata de aprovechar la experiencia pasada y corregir desvíos cuyos efectos resultan sumamente costosos.Sin embargo, se ha hecho efectivo un fuerte aporte a la tecnología autóctona, particularmente en los sectores agropecuario e industrial.Se valora altamente nuestra capacidad para originar una tecnología propia; sólo debemos ponerla en movimiento, conectándola con la producción concreta, con las decisiones del gobierno y con los apoyos financieros.La comunidad científica argentina es todavía reducida con relación al ingreso por habitante que el país posee. La mitad del personal de investigación trabaja sólo parte de su tiempo útil. La mayoría de los institutos son pequeños y no llegan a una capacidad de investigación tal que permita un verdadero trabajo interdisciplinario.Hay miles de proyectos en ejecución al mismo tiempo, lo cual, hace que cada proyecto tarde demasiado en fructificar y, por el otro, dificulta la materialización de nuevos proyectos por falta de continuidad en los recursos.Los institutos están prácticamente concentrados en el área metropolitana y la pampeana. Además, la remuneración de los investigadores es tan limitada, que sólo una vocación acendrada puede retener el talento en esta actividad.Me parece claro que no existe hasta el presente una política científica y tecnológica centralmente diseñada y de fácil realización. Tampoco se pone una base institucional suficientemente coherente como para lograr una necesaria centralización de conducción y descentralización de operación.Las mentalidades científicas y técnicas especializadas fueron emigrando sin que el país encontrara un mecanismo que lo impida, en conexión con los intereses nacionales.En el ámbito ecológico, ya el hombre ha tomado conciencia de su capacidad para alterar el medio en que vive, como también del uso indebido del avance tecnológico respecto a dicho medio.El tema no es nuevo. La concientización mundial, sí. Factores tales como la polución, el sobrecultivo, la deforestación, la acumulación de desperdicios, entre otros, indican claramente el perjuicio que ocasionan a los seres vivos.El ser humano, como simple eslabón del ciclo biológico, está condicionado por un determinismo geográfico y ecológico del cual no puede sustraerse.Estamos, pues, en un campo nuevo de la realidad nacional e internacional, en el que debemos comprender la necesidad Ðcomo individuos y como naciónÐ de superar estrechas miras egoístas y coordinar esfuerzos.Hace casi 30 años, cuando aún no se había iniciado el proceso de descolonización contemporánea, anunciamos la Tercera Posición, en defensa de la soberanía y autodeterminación de las pequeñas naciones, frente a los bloques en que se dividieron los vencedores de la Segunda Guerra Mundial.Hoy, un riesgo mayor, que afecta a la humanidad, y pone en peligro su misma supervivencia, nos obliga a plantear la cuestión en nuevos términos, que van más allá de lo estrictamente político, que superan las divisiones partidarias e ideológicas y entran en la esfera de las relaciones de la humanidad con la naturaleza.Creo que ha llegado la hora en que todos los pueblos y gobiernos del mundo cobren conciencia de la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través de la contaminación del medio ambiente y la biosfera, la dilapidación de recursos naturales, el crecimiento sin freno de la población y la sobreestimación de la tecnología y de la necesidad de invertir de inmediato la dirección de esa marcha, mediante una acción mancomunada internacional.El ser humano no puede ser concebido aisladamente del medio que él mismo ha creado. Ya es una poderosa fuerza biológica, y si continúa destruyendo los recursos vitales que le brinda la Tierra, sólo puede esperar catástrofes nacionales para las próximas décadas.La humanidad está cambiando las condiciones de vida con tal rapidez, que no llega a adaptarse a las nuevas relaciones; va más rápido que su captación de la realidad y no ha llegado a comprender, entre otras cosas, que los recursos vitales para él y sus descendientes derivan de la naturaleza y no de su poder mental. De este modo, a diario su vida se transforma en una interminable cadena de contradicciones.En el último siglo, ha saqueado continentes enteros y le han bastado un par de décadas para convertir ríos y mares en basurales y el aire de las grandes ciudades en un gas tóxico y espeso. Inventó el automóvil para facilitar su traslado, pero ahora ha erigido una civilización del automóvil, que se asienta sobre un cúmulo de problemas de circulación, urbanización, seguridad y contaminación en las ciudades, y que agrava las consecuencias de su vida sedentaria.Las mal llamadas _sociedades de consumo_ son en realidad, sistemas sociales de despilfarro masivo, basados en el gasto, porque el gasto produce lucro. Se despilfarra mediante la producción de bienes innecesarios o superfluos y, entre estos, a los que deberían ser de consumo duradero, con toda intención se les asigna corta vida, porque la renovación produce utilidades. Se gastan millones en inversiones para cambiar el aspecto de los artículos, pero no para reemplazar los bienes que dañan la salud, y hasta se apela a nuevos procedimientos para satisfacer la vanidad humana. Como ejemplo, bastan los automóviles actuales, que deberías ser reemplazados por otros de motor eléctrico, o el tóxico plomo que se agrega a las naftas para aumentar el pique de los mismos.No menos grave resulta el hecho de que los sistemas sociales de despilfarro de los países tecnológicamente más avanzados funcionan mediante el consumo de ingentes recursos naturales aportados por el Tercer Mundo. De este modo el problema de las relaciones dentro de la humanidad es paradójicamente doble: algunas clases sociales Ðlas de los países de baja tecnología, en particularÐ sufren los efectos del hambre, el analfabetismo y las enfermedades, pero al mismo tiempo las clases sociales y los países que asientan su exceso de consumo en el sufrimiento de los primeros tampoco están racionalmente alimentados, ni gozan de una auténtica cultura o de una vida espiritual o físicamente sana. Se debaten en medio de la ansiedad, del tedio y los vicios que produce el ocio mal empleado.Lo peor es que, debido a la existencia de poderosos intereses creados, o por la falsa creencia generalizada de que los recursos naturales vitales para el hombre son inagotables, este estado de cosas tiende a agravarse. Mientras un fantasma el hambre recorre el mundo devorando vidas humanas, afectando países que hasta ayer fueron granero del mundo y amenazando expandirse de modo fulmíneo en las próximas décadas, en los centros de más alta tecnología se anuncia, entre otras maravillas, que pronto la ropa se cortará con rayos láser y que las amas de casa harán sus compras desde sus hogares por televisión y las pagarán mediante sistemas electrónicos. La separación dentro de la humanidad se está agudizando de modo tan visible, que parece que estuviera constituida por más de una especie.El ser humano, cegado por el espejismo de la tecnología, ha olvidado las verdades que están en la base de su existencia. Y así, mientras llega a la luna gracias a la cibernética, la nueva metalúrgia, combustibles poderosos, la electrónica y una serie de conocimientos fabulosos, mata al oxígeno que respira, el agua que bebe y el suelo que le da de comer, así como eleva la temperatura permanente del medio en que vive sin medir sus consecuencias biológicas.Y para colmo de su insensatez, mata al mar, que podría servirle de última base de sustentación.En el curso del último siglo, el ser humano ha exterminado cerca de doscientas especies animales terrestres. Ahora ha pasado a liquidar especies marinas. Aparte de los efectos de la pesca excesiva, amplias zonas de los océanos, especialmente costeras, han sido ya convertidas en cementerios de peces y crustáceos, tanto por los desperdicios arrojados como por el petróleo involuntariamente derramado. Sólo el petróleo liberado por los buques cisternas hundidos ha matado en la última década cerca de 600.000 millones de peces. Sin embargo, seguimos arrojando al mar más desechos que nunca, perforamos miles de pozos petrolíferos en el mar o sus costas y ampliamos al infinito el tonelaje de los petroleros, sin tomar medidas para proteger la fauna y flora marinas.La creciente toxicidad del aire de las grandes ciudades es bien conocida, aunque muy poco se ha hecho para disminuirla. En cambio, todavía ni siquiera existe un conocimiento difundido acerca del problema planteado por el despilfarro de agua dulce, tanto para el consumo humano como para la agricultura. La liquidación de aguas profundas ya ha convertido en desiertos extensas zonas del globo, y los ríos han pasado a ser gigantescos desagües cloacales más que fuentes de agua potable o vías de comunicación. Al mismo tiempo, la erosión provocada por el cultivo irracional o por la supresión de la vegetación natural se ha convertido en un problema mundial, y se pretende reemplazar con productos químicos el ciclo biológico del suelo, uno de los más complejos de la naturaleza. Para colmo, muchas fuentes naturales han sido contaminadas; las reservas de agua dulce están pésimamente repartidas por el planeta, y cuando empezamos a pensar como último recurso en la desalinización del mar, nos enteramos de que una empresa de este tipo, de dimensión universal, exigiría una infraestructura que la humanidad no está en condiciones de financiar y armar en este momento.Por otra parte, a pesar de la llamada revolución verde, el Tercer Mundo todavía no ha alcanzado a producir la cantidad de alimentos que consume; para llegar a su autoabastecimiento necesita un desarrollo industrial, reformas estructurales y la vigencia de una justicia social que todavía está lejos de alcanzar. Para colmo, el desarrollo de la producción de alimentos sustitutivos está frenado por la insuficiencia financiera y las dificultades técnicas.Por supuesto, todos estos desatinos culminan con una carrera armamentista tan desenfrenada como irracional, que le cuesta a la humanidad 200.000 millones de dólares anuales.A este complejo de problemas creados artificialmente se suma el crecimiento explosivo de la humanidad. El número de seres humanos que puebla el planeta se ha duplicado en el último siglo y volverá a duplicarse para fines del actual o comienzos del próximo, de continuar el mismo ritmo de crecimiento. Si se sigue por este camino, en el año 2.500 cada ser humano dispondrá de un solo metro cuadrado sobre el planeta. Esta visión global está lejana en el tiempo, pero no difiere mucho de la que ya corresponde a las grandes urbes, y no debe olvidarse que, dentro de veinte años, más de la mitad de la población vivirá en ciudades grandes y medianas.Es indudable, pues, que la humanidad necesita tener una política demográfica. Debe considerarse que una política demográfica no produce los efectos deseados si no va acompañada por una política económica y social correspondiente. De todas modos, mantener el actual ritmo de crecimiento de la población humana no es tan suicida como mantener el despilfarro de los recursos naturales de los centros altamente industrializados donde rige la economía de mercado, o en aquellos países que han copiado sus modelos de desarrollo. Lo que no debe aceptarse es que la política demográfica esté basada en la acción de píldoras que ponen en peligro la salud de quienes la toman o de sus descendientes.Si se observan en su conjunto los problemas que se nos plantean y que hemos enumerado, comprobaremos que provienen tanto de la codicia y la imprevisión humanas como de las características de algunos sistemas sociales, del abuso de la tecnología, del desconocimiento de las relaciones biológicas y de la progresión natural del crecimiento de la población humana. Esta heterogeneidad de causas debe dar lugar a una heterogeneidad de respuestas, aunque en última instancia tengan como denominador común la utilización de la inteligencia humana. A la irracionalidad del suicidio colectivo debemos responder con la racionalidad del deseo de supervivencia.El ámbito económico: Los principios y medidas generales que propongo en el campo económico deben comprenderse como justificados y fundados en las bases filosófico-políticas previamente expuestas. Es por eso que, en varias oportunidades, he sostenido que la dimensión política es previa al ámbito económico.El justicialismo comprende lo económico como naturalmente emanado de un proyecto histórico-político de espíritu intrínsecamente nacional, social y cristiano.En tal sentido, el objetivo fundamental es servir a la sociedad, como un todo, y al hombre, no sólo como sujeto natural sometido a necesidades materiales de subsistencia, sino también como persona moral, intelectual y espiritual.En rigor, nuestra concepción tampoco supone que la búsqueda del beneficio personal invariablemente redunda en el bien de toda la sociedad.Por el contrario, la actividad económica debe dirigirse a fines sociales y no individualistas, respondiendo a los requerimientos del hombre integrado en una comunidad y no a las apetencias personales.Esta interpretación amplia y solidaria de la actividad económica llevará implícita una definición clara del concepto de beneficio, ubicándolo, no ya como un fin en sí mismo, lo que daría como resultado una utilización de los recursos en función de un individuo egoísta, sino como la justa remuneración del factor empresarial por la función social que cumple.Preservamos así el estímulo para fomentar el incremento de la gestión empresarial privada, con su dinamizadora dosis de creatividad, pero enmarcada en un contexto donde debe prevalecer una distribución socialmente justa.La esencia de nuestra tercera posición consiste en anhelar una sociedad eminentemente creativa y justa, en la cual la conducción económica pertenezca al país como comunidad armónica y los logros económicos no atenten contra la libertad y la dignidad del hombre.Pero cada uno de mis conciudadanos debe tener muy claro que la única posibilidad de que lo anteriormente expuesto no quede en meras expresiones de deseo depende de que todos los argentinos participen en una profunda revolución ética, que en verdad implica

Juan Domingo Peron
1974